REPASAMOS UNA COLECCIÓN DE MUJERES MORTALES. Las mujeres más malvadas, son menos conocidas que sus rivales hombres, quizás esto demuestra que son más peligrosas ¿No crees?.

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia

En la historia del crimen, los nombres de los grandes asesinos en serie suelen estar asociados a hombres, como si la violencia extrema fuera un territorio exclusivamente masculino. Sin embargo, la realidad es mucho más incómoda: también hubo mujeres capaces de planear y ejecutar muertes con una frialdad que desafía cualquier estereotipo. Hablar de ellas no es un ejercicio de morbo, sino una manera de entender cómo el poder, la manipulación y la crueldad pueden adoptar rostros inesperados. 

Estas historias nos obligan a mirar más allá de los clichés y reconocer que el mal no distingue género. Al hacerlo, la lectora se enfrenta a un espejo inquietante: el recordatorio de que la violencia puede surgir en cualquier lugar, incluso en quienes la sociedad suele imaginar como protectoras o cuidadoras. Conocerlas es, en definitiva, una forma de comprender mejor los límites de la condición humana y las sombras que todos preferimos ignorar.

1. Isabel Báthory de Ecsed (1560-1614)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia

Comenzamos este recorrido por las asesinas en serie más letales con la figura de la llamada “Condesa Sangrienta”. Erzsébet Báthory fue una noble del Reino de Hungría que, tras casarse con el conde Ferenc Nadasdy, asumió la administración de sus vastas propiedades mientras su esposo combatía en la guerra y después de su muerte en 1604. Durante años cultivó una reputación de benefactora, ofreciendo ayuda a mujeres necesitadas, pero en 1609 un sacerdote luterano la señaló en relación con la desaparición de niñas de la zona. Aquella acusación destapó un entramado de crímenes que se remontaba décadas atrás.

Con la complicidad de cuatro sirvientes, Báthory atraía a jóvenes campesinas y muchachas de familias menores con la promesa de trabajo o lecciones de etiqueta. Una vez dentro del castillo, las víctimas eran sometidas a brutales castigos: golpes, quemaduras, exposición al frío extremo y hambre hasta la muerte. Finalmente, la condesa fue condenada a reclusión en aislamiento, encerrada en habitaciones tapiadas de su propio castillo de Csetje, donde sobrevivió apenas cinco años.

La leyenda más macabra sostiene que se bañaba en la sangre de las jóvenes para conservar su belleza, aunque muchos historiadores creen que esa versión fue alimentada por una conspiración cortesana destinada a destruirla. Sea mito o realidad, su nombre quedó grabado como uno de los más oscuros de la historia criminal europea..

2. Lavinia Fisher (1792–1820)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía findery.com ]

Lavinia Fisher y su esposo John formaban parte de una pandilla de bandoleros que operaba en Charleston, Carolina del Sur, donde administraban la posada Six Mile Wayfarer House. A primera vista, ofrecían hospitalidad a los viajeros, pero detrás de esa fachada se escondía un plan siniestro: los interrogaban, los drogaban y luego los despojaban de sus pertenencias. Según distintos relatos, algunos hombres fueron asesinados a puñaladas, mientras que otros caían en trampas mortales, arrojados a pozos ocultos bajo camas que se desplomaban.

La violencia de la pareja terminó por despertar la indignación de los vecinos, y una banda de vigilantes presionó a las autoridades para que actuaran. Finalmente, Lavinia y John fueron condenados y ejecutados en la horca, oficialmente por robo. Sin embargo, la historia convirtió a Lavinia en la primera asesina en serie de Estados Unidos, rodeándola de un aura legendaria. Se decía que aplastaba las cabezas de los hombres con sus piernas y que, en el momento de su ejecución, lanzó un grito que quedó grabado en la memoria colectiva: “¡Si tienes un mensaje que quieres enviar al infierno, dámelo y yo lo llevaré!”.

3. Amelia Dyer (1837-1896)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía wikipedia.org ]

Amelia Dyer nació en Inglaterra en 1838 y comenzó su vida profesional como enfermera, antes de dedicarse a cuidar bebés abandonados. Bajo la apariencia de una nodriza compasiva, escondía un método cruel: dejaba morir de hambre a los pequeños para reducir gastos y aumentar sus ingresos. El elevado número de muertes pronto levantó sospechas y le valió cargos por negligencia, aunque tras cumplir condena regresó a la misma práctica.

Con el tiempo, sus crímenes quedaron al descubierto de forma espeluznante: cientos de restos de bebés fueron hallados, revelando la magnitud de su actividad. Conocida como la “Reading Baby Farmer”, Dyer se convirtió en una de las asesinas en serie más prolíficas de la historia. Sin embargo, la justicia solo logró probar un caso concreto, y fue por ese asesinato que terminó en la horca en 1896.  Su historia es un recordatorio brutal de cómo la vulnerabilidad de los más indefensos puede ser explotada con fines económicos, y de cómo la aparente respetabilidad puede ocultar los crímenes más atroces.

4. María Swanenburg (1839-1915)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía wikipedia.org ]

Maria Swanenburg, madre de siete hijos en los Países Bajos, era conocida en su barrio pobre como “Good Mee” por el cuidado que ofrecía a los enfermos y necesitados. Su reputación de mujer bondadosa, sin embargo, ocultaba una realidad aterradora. Entre 1880 y 1883, Swanenburg fue responsable de un brote de envenenamientos con arsénico que sacudió a la comunidad.

Las autoridades comenzaron a sospechar cuando intentó envenenar a la familia Frankhuizen, y pronto descubrieron que su historial criminal era mucho más amplio. Se cree que empezó con sus propios padres y que, movida por la ambición de herencias y seguros, intentó asesinar al menos a 102 personas. De ellas, 27 murieron y otras 45 sobrevivieron con graves secuelas de salud.

En 1885, la mujer que había sido llamada “Good Mee” fue condenada a cadena perpetua, revelando que su aparente bondad había sido solo una máscara para uno de los episodios más oscuros de la historia criminal europea.

5. Jane Toppan (1857-1938)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía wikipedia.org ]

Jane Toppan, conocida más tarde como “Jolly Jane”, comenzó su carrera como enfermera en Boston. Allí experimentaba con opiáceos en sus pacientes, hasta que su imprudencia la llevó a ser despedida. Pero lejos de abandonar, encontró un nuevo escenario para sus crímenes: como enfermera privada, se infiltró en hogares y convirtió la confianza de las familias en su arma más letal.

Entre sus víctimas estuvieron los propietarios para quienes trabajaba, su propia hermana adoptiva y el anciano Alden Davis, junto con la esposa e hijas de este último. Incluso llegó a cortejar al viudo de su hermana para después envenenarlo, repitiendo el patrón de traición y muerte.

En 1901, la verdad salió a la luz cuando la familia Davis solicitó informes toxicológicos. La evidencia fue tan clara que Toppan confesó sin titubeos: treinta y un asesinatos. Lo más perturbador no fue el número, sino la manera en que describía su experiencia: hablaba de la emoción de sostener a las personas mientras morían, y llegó a declarar que su ambición era “matar a más personas indefensas que cualquier otro hombre o mujer que jamás haya existido”.

El juicio la declaró inocente por demencia, y así terminó sus días en el hospital psiquiátrico de Taunton. Allí murió, dejando tras de sí una historia que revela cómo la aparente dulzura de una enfermera podía esconder una de las mentes más oscuras de la historia criminal.

6. Belle Gunness (1859 – Desconocido)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía wikipedia.org ] Retrato de Belle Gunness y sus hijos tomado en 1908.

Belle Gunness, una mujer de casi dos metros de altura, dejó Noruega para comenzar una nueva vida en Estados Unidos. En Chicago abrió una confitería junto a su esposo Mads Sorenson, pero pronto la tragedia se convirtió en negocio: dos de sus hijos murieron y la tienda se incendió, sucesos que les permitieron cobrar seguros. Tras la muerte de Mads, Belle utilizó el dinero para comprar una granja en LaPorte, Indiana, donde se casó con Peter Gunness. Él también murió en circunstancias sospechosas poco después.

En su granja, Belle encontró un nuevo método para enriquecerse. Publicaba anuncios en los periódicos buscando pretendientes, hombres que llegaban con ilusiones de matrimonio y prosperidad. Ninguno volvió a ser visto. Todos desaparecían, dejando tras de sí sus objetos de valor y un rastro de sospechas.

En 1908, tras recibir amenazas de un antiguo peón, la granja de Belle ardió en llamas con sus hijos dentro. El peón confesó haberla ayudado a escapar y a enterrar los cuerpos de sus víctimas, alrededor de cuarenta, hallados en la pocilga de la propiedad. Ni Belle ni los 250.000 dólares que había retirado poco antes del incendio fueron encontrados jamás.

Su figura quedó envuelta en misterio: ¿murió en el incendio o huyó con su fortuna? Lo cierto es que Belle Gunness se convirtió en una leyenda oscura, símbolo de cómo la ambición y la violencia pueden esconderse tras la apariencia de una viuda en busca de amor.

7. Dagmar Adiós (1887-1929)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía wikipedia.org ]

Dagmar Overbye se presentaba como una cuidadora de confianza para los niños nacidos fuera del matrimonio en Copenhague. Entre 1913 y 1920, muchas madres desesperadas dejaron a sus pequeños bajo su cuidado, creyendo que allí encontrarían protección. Lo que no sabían era que Overbye escondía un secreto aterrador: estrangulaba, ahogaba o incluso quemaba a los bebés que le eran confiados.

El velo de su aparente bondad se rompió en 1920, cuando Karoline Aagesen le pidió que le devolviera a su hija. La negativa de Overbye despertó sospechas y llevó a la policía a registrar su apartamento en el distrito de Vesterbro. Lo que encontraron fue espeluznante: los huesos de la niña en la calefacción, junto con restos de otros pequeños.

La prensa la bautizó como la “Quemabebés de Vesterbro”, y su caso conmocionó a toda Dinamarca. Fue condenada a muerte, aunque finalmente la sentencia se conmutó por cadena perpetua. Más allá de la brutalidad de sus crímenes, sus acciones tuvieron un impacto duradero: impulsaron una legislación más estricta sobre el cuidado y la protección de los niños, un intento de evitar que tragedias semejantes volvieran a repetirse.

8. Leonarda Cianciulli (1894-1970)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía wikipedia.org ]

Leonarda Cianciulli era una ama de casa en la pequeña ciudad de Correggio, Italia. También ejercía como adivina y comerciante, pero detrás de esa vida cotidiana escondía una obsesión: proteger a su hijo, que había sido enviado al ejército. Convencida de que los sacrificios humanos podían garantizar su seguridad, ideó un plan macabro.

Se ganó la confianza de tres vecinas de mediana edad. A Faustina Setti le prometió un pretendiente, mientras que a Francesca Soavi y Virginia Cacioppo les habló de supuestos empleos. Antes de desaparecer, cada una envió postales a sus familiares, una estrategia que Cianciulli les había sugerido para evitar sospechas. Pero ninguna volvió a casa.

Los crímenes fueron tan grotescos como calculados. Cianciulli arrojó la carne de las mujeres a un tanque séptico y utilizó su sangre para preparar pasteles de té. En el caso de Virginia Cacioppo, la “dulzura” de su carne, según confesó, la llevó incluso a fabricar jabón.

La verdad salió a la luz cuando la cuñada de Cacioppo denunció la desaparición a las autoridades. En 1946, la mujer que pasaría a la historia como la “Jabonera de Correggio” fue condenada a treinta años de prisión, donde finalmente murió. Su caso se convirtió en uno de los más perturbadores de la crónica negra italiana, un ejemplo de cómo la superstición y la desesperación pueden transformarse en monstruosidad.

9. Miyuki Ishikawa (1897-Desconocido)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía wikipedia.org ] Miyuki Ishikawa fue rodeada por agentes de policía en la comisaría de Waseda.

En el Tokio de la década de 1940, el Hospital de Maternidad Kotobuki parecía ofrecer una salida a los padres que no podían hacerse cargo de sus hijos. Su directora, Shigeko Ishikawa, se presentaba como alguien dispuesta a cuidar de los bebés abandonados. Pero detrás de esa fachada se escondía una práctica aterradora: en lugar de protegerlos, los dejaba morir por abandono.

No actuaba sola. Con la ayuda de su marido y de un médico que falsificaba certificados de defunción, Ishikawa convirtió la tragedia en negocio. Se calcula que fue responsable de la muerte de alrededor de cien niños, mientras intentaba cobrar a los padres por un servicio que nunca existió.

En 1948, las autoridades descubrieron restos humanos en el hospital y el escándalo salió a la luz. Los Ishikawa fueron arrestados, aunque la sentencia resultó sorprendentemente leve: apenas entre dos y cuatro años de prisión cada uno.

La prensa la bautizó como la “partera demoníaca”, y sus crímenes marcaron un antes y un después en Japón. El horror de lo ocurrido impulsó la legalización del aborto por razones económicas, un intento de evitar que la desesperación de las familias volviera a ser explotada de manera tan cruel.

10. Niñera Doss (1905-1965)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía wikipedia.org ]

Nancy Hazel, más conocida como “la Asesina de corazones solitarios”, buscaba el amor en las páginas de los clubes de corazones solitarios, pero lo que dejaba tras de sí era un rastro de muerte. Se casó por primera vez en 1921 con Charley Braggs, aunque la relación terminó marcada por tragedias: dos de sus hijos murieron y el matrimonio se desmoronó.

En 1929 volvió a casarse, esta vez con Robert Harrelson. Durante años convivieron, hasta que en 1945, tras sufrir una violación por parte de él, Nannie decidió vengarse sirviéndole whisky mezclado con veneno para ratas. A partir de entonces, su patrón se repitió con inquietante regularidad. Sus siguientes maridos —Arlie Lanning en Carolina del Norte, Richard L. Morton en Kansas y Samuel Doss en Oklahoma— murieron también envenenados.

El último crimen fue el que la delató. En 1954, tras la muerte de Doss, las autoridades investigaron y arrestaron a Nannie. Lo que confesó estremeció al país: no solo había asesinado a sus cuatro maridos, sino también a dos hijos, dos hermanas, su madre, un nieto y su suegra. Su explicación era tan perturbadora como simple: había estado “buscando a la pareja perfecta”, pero nunca la encontró.

Condenada y encarcelada, Nannie Hazel murió en prisión, dejando tras de sí la imagen de una mujer que convirtió la búsqueda del amor en una cadena de crímenes que la historia recordaría con un apodo tan irónico como macabro

11. Aileen Wuornos (1956-2002)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía youtube.com ]

Aileen Wuornos creció marcada por el abandono y el abuso. Su madre la dejó junto a su hermano al cuidado de sus abuelos, pero aquel hogar se convirtió en un infierno: su abuelo la maltrató y, cuando tenía apenas catorce años, la obligó a tener un hijo. Expulsada de la escuela y de su propia casa, cayó en una espiral de delincuencia que la llevó hasta Florida.

Allí conoció a Tyria Moore, con quien inició una relación y compartió vida. Para sostenerse, Wuornos recurrió al trabajo sexual, pero en 1989 todo cambió. Richard Mallory, uno de sus clientes, la violó, y ella respondió disparándole. Ese fue el inicio de una cadena de asesinatos: al año siguiente mató a otros seis hombres, entre ellos un mayor retirado de la Fuerza Aérea.

Su captura llegó cuando fue sorprendida conduciendo el automóvil de una de sus víctimas. Alegó defensa propia, pero más tarde confesó los crímenes, buscando evitar el corredor de la muerte. No lo logró. En 2002 fue ejecutada, dejando tras de sí una historia que sacudió a la opinión pública y que inspiró la película Monster, donde su vida y sus crímenes fueron retratados con crudeza.

12. Juana Barraza (1957)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía crimecenedb.com ]

La infancia de Juana Barraza estuvo marcada por el abandono y el abuso. Su propio padre llegó a vender sexo con ella a cambio de cerveza cuando aún era una niña, una herida que nunca cicatrizó. Sin embargo, fue el resentimiento hacia su madre lo que, según los investigadores, terminó por convertirse en el motor de sus crímenes.

Barraza, conocida en el mundo de la lucha libre como La Dama del Silencio, llevaba una doble vida. En los cuadriláteros era una figura popular, pero en las calles de Ciudad de México se transformaba en una asesina que elegía como víctimas a mujeres mayores. Se estima que estranguló o golpeó hasta la muerte a once ancianas, aunque algunos cálculos elevan la cifra a casi cincuenta. Ella justificaba sus actos como una forma de “ayudar a la sociedad”, eliminando a quienes consideraba inútiles o desprotegidas.

Durante años, la policía creyó que el responsable era un travesti, debido a las descripciones de testigos. Pero en 2006, Barraza fue sorprendida huyendo de la casa de una víctima tras hacerse pasar por funcionaria de asistencia social para ganarse su confianza. Las pruebas la vincularon con al menos diez asesinatos, y el caso conmocionó al país.

Apodada “La Mataviejitas” o “La Anciana Asesina”, Juana Barraza fue sentenciada a 759 años de prisión. Su historia se convirtió en uno de los capítulos más oscuros de la crónica criminal mexicana, un recordatorio de cómo el dolor y el odio pueden transformarse en violencia desmedida.

13. Dorotea Puente (1929-2011)

Mujeres malvadas: 13 asesinas en serie más letales de la historia[Imagen vía wikipedia.org ]

En el Sacramento de los años ochenta, Dorothea Puente se presentaba como una amable anciana que ofrecía alojamiento a personas vulnerables: ancianos, enfermos mentales y personas sin hogar. Su pensión parecía un refugio seguro, pero en realidad era una trampa mortal. Puente envenenaba a sus inquilinos con somníferos y luego los estrangulaba, enterrando sus cuerpos en el jardín de la casa.

Mientras tanto, seguía cobrando sus cheques de asistencia social, acumulando dinero a costa de las vidas de quienes habían confiado en ella. Durante años, su fachada de mujer solidaria engañó a vecinos y autoridades, hasta que en 1988 la policía descubrió siete cadáveres en su patio trasero. Finalmente fue condenada por tres asesinatos, aunque se sospecha que sus víctimas fueron muchas más. Dorothea Puente murió en prisión en 2011, dejando tras de sí la imagen de una mujer que convirtió la compasión en máscara para la codicia y la muerte.

Epílogo

Las historias de estas mujeres asesinas en serie revelan un aspecto incómodo de la condición humana: la violencia extrema no tiene género. Desde castillos medievales hasta pensiones modernas, desde supersticiones hasta fraudes económicos, todas ellas utilizaron la confianza, la vulnerabilidad o el amor como armas. Sus crímenes no solo aterrorizaron a sus comunidades, sino que también dejaron huellas profundas en la cultura y en la legislación de sus países.

Al recorrer sus vidas, el lector se enfrenta a un espejo inquietante: la certeza de que el mal puede adoptar cualquier rostro, incluso el de una madre, una cuidadora o una esposa. Conocer estas historias no es un ejercicio de morbo, sino una forma de comprender cómo la sociedad, la desesperación y las heridas personales pueden transformarse en monstruosidad. Y al hacerlo, nos recuerda la importancia de la vigilancia, la empatía y la justicia para evitar que la historia vuelva a repetirse.

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